El fútbol argentino se desangra por todos lados.
Está herido, la herida es profunda y ya ha afectado a todos sus órganos.
Tiene un torneo absurdo de 30 equipos de 3 categorías diferentes. Se hace llamar "para todos" pero no deja entrar a la mitad de los hinchas. Tiene precios exorbitantes, estadios clausurados, listas de admisión, violencia dentro y fuera de la cancha, árbitros sospechados, partidos arreglados, descensos y ascensos dudosos y podría seguir toda la noche.
Escribo estas líneas dos horas después de la suspensión del Boca-River (y los eventos de público conocimiento) viendo por TV que los protagonistas aún esperan sobre el campo de juego.
Todavía es 14 de mayo, Día del Futbolista. A estas horas están velando a Emanuel Ortega, el jugador que murió al golpear su cabeza contra un paredón pegado a una cancha. Ahora acabamos de ser testigos de la jornada más bochornosa, vergonzosa y escandalosa de la historia moderna del fútbol argentino.
Esta noche debe ser una bisagra en nuestro fútbol. La AFA debe ser intervenida hoy mismo. Si no entendemos esto, la política, los corruptos, los violentos y unos cuantos indeseables nos robarán para siempre la más hermosa de las fiestas populares.