miércoles, 20 de julio de 2011

Neil Armstrong, un buen amigo

La verdad que nunca me tomo mucho trabajo en andar saludando a mis amigos este famoso Día del Amigo. Ellos saben quiénes son. La amistad me parece un vínculo demasiado importante como para andar por ahí ensuciándolo con frases absurdas del tipo “Tengo más de 300 amigos en el facebook”... Un amigo es otra cosa. Con un amigo nos tomamos un café, nos comemos una picada o un asado, nos contamos problemas, nos abrazamos, lloramos, disfrutamos, compartimos un viaje... Un amigo conoce mi casa, mi familia. Hay una determinada cantidad de sucesos y circunstancias, como un formulario que debe ir completándose, para alcanzar ese lugar de “amigo”.
No creo que sea necesario un día para demostrar cuán amigos somos. Pero igualmente no puedo evitar sentirme extraño ante todos aquellos que no son amigos, que vienen a saludarte como tal y que te incomodan haciéndote partícipe de una falsedad que no me hace nada bien.
Por eso, para quienes no saludo y para que nadie se sienta rechazado, les dejo esta anécdota —quizás ya conocida por ustedes— sobre un buen amigo. En este día comercial, instaurado para ganancia de los dueños de restaurantes se conmemora, en verdad, la ¿llegada? del hombre a la Luna (esto lo podemos debatir en otra oportunidad), y por ello no está de mas recordar la célebre frase de Neil Armstrong:
“Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”.
Sin embargo, luego de esas palabras mencionó algunas frases más, seguramente destinadas a sus compañeros de viaje. Y entre esas frases, se ha escuchado una que durante años llamó la atención a todos los investigadores. Armstrong habría dicho al final de sus comentarios desde el suelo lunar:
“Y mucha suerte esta noche, señor Gorsky”.
¿Qué significó aquello? Cuenta la leyenda, que cuando el pequeño Neil Armstrong cumplía un poco más de 10 años, estaba jugando junto a un amigo en el fondo de su casa al béisbol. En ese momento la pelota cruzó la cerca y cayó al lado de una de las ventanas de su vecino, el señor Gorsky. Neil se acercó sigilosamente a rescatarla y, cuando se encontraba debajo de la ventana del dormitorio de su vecino escuchó la voz de la esposa de Gorsky: “¿Sexo oral? ¿Así que el señor quiere que le haga sexo oral?... Te lo voy a hacer cuando el hijo de los Armstrong camine por la Luna”. El mito dice que hasta el mismo Armstrong confirmó está leyenda unos cuantos años después cuando el Gorsky ya había fallecido, pero la misma sigue produciendo dudas.
Yo elijo creerla. Y valorar el esfuerzo de Armstrong, que se tomó el trabajo de caminar por la luna para que el señor Gorsky disfrute un buen momento.
Sin dudas, eso es obra de un buen amigo...

domingo, 17 de julio de 2011

"Es Cristina, estúpido"

Calculo que si estás leyendo estas líneas es porque estás en tema y no vas a desconocer la célebre anécdota de Bill Clinton y una de sus grandes frases. Cuenta la leyenda que en una reunión con su comité de campaña un asesor divagaba sobre los temas de la campaña electoral del presidente hablando de temas superfluos. Cansado y aburrido de escucharlo, Clinton resumió su fastidio y su idea sobre la única temática que debía tener la campaña y le dijo: "Es la economía, estúpido", refiriéndose a que sólo en ese punto debía centrarse el discurso.
Hablando del balotage porteño, estoy harto y saturado de escuchar a militantes, a candidatos y a comunicadores que quieren darle una mano a Filmus, hablando y argumentando sobre la necesidad de un debate, sobre el gas en el Borda, sobre el estado de las escuelas públicas o el déficit en el transporte público. ¿No se dieron cuenta que al 47,1% esas cosas no le interesan y que con eso no van a ganar ni un voto más? Los temas no son esos... Hay un solo tema y "es Cristina, estúpido".
Una vez, una campaña a favor del General Perón, decía: "Apoye a Perón, vote a los candidatos de Perón".
Bueno, dejen de boludear y centren la campaña en un único tema: "Apoye a Cristina. Vote al candidato de Cristina".
Vamos a perder. Pero hagámoslo de la manera más decorosa posible.
No sean estúpidos.

domingo, 3 de julio de 2011

Reflexiones sobre el fútbol argentino (II)

LA TELEVISACIÓN

¡Qué recuerdos memorables quedan aún en la retina de aquella tarde en la cual le arrebatamos al monopolio el manejo de nuestro fútbol! ¡Qué gloriosos fueron aquellos días en los cuales soñamos que al fin podríamos ver con libertad todos las pulgadas de césped y de fútbol!
“El fútbol es de todos”, nos dijeron, mientras se añadía que habían terminado los días en los cuales “los goles estaban secuestrados”. Y para darle más rienda suelta a la alegría de los futboleros, le pusieron ese nombre, tan simple, que abarcaba la completa felicidad: “Fútbol para todos”.
¡Qué fantásticos aquellos días en los cuales los marcadores de punta y los carrileros resucitaron a la vista de los televidentes y pensaron que iban a poder correr por el lateral sin ser tapados por la yerba Chamigo o el vino Termidor! Papa, Mareque, Clemente Rodríguez o Ferrari pudieron regresar a sus casas y mostrarles a sus hijos que debajo de esas publicidades ellos trabajaban… ¡Cómo se disfrutó ese tiempo en el cual soñamos con relatos profesionales! Nos ilusionamos con comentarios menos superfluos que los de Macaya Márquez o con acotaciones menos imbéciles que las de Fernández y Benedetto.
Pero como bien se ha dicho, el sol siempre dura muy poco para los pobres y en escasas semanas nos volvieron a dar lo mismo: zócalos que han vuelto a “desaparecer” a los laterales, camioncitos de Iveco que perturban el sonido, relatores que representan lo más repugnante del neoliberalismo de los noventa, jugadas trascendentales cubiertas por el logo de 678 o transmisiones que exacerban la violencia y recurren a los mismos vicios televisivos que castigamos por largos años.
Hoy, la televisación del fútbol es igual o peor que cuando estaba en manos de TyC. Es cierto, llega a más gente. Pero hemos quedado muy lejos de un intento superador en la calidad de los envíos. Entiendo que se está reformulando un sistema y que hay pibes como Fernando Salceda o Mario Cordo que hacen muy bien su laburo de comentaristas y que hay relatores como Adrián Di Blasi, Gustavo Kuffner o Rodolfo De Paoli, que da gusto escucharlos. Sin embargo, ver a JR, a Araujo y a los 2 monigotes del campo de juego traen espantosos recuerdos de lo peor de TyCSports y Fútbol de Primera.