jueves, 15 de abril de 2010

La aldea grupal

Diez años atrás trabajaba en una revista que se distribuía en countries y barrios privados. Esa tarea me permitío acceder a la mayor parte de los barrios cerrados del Gran Buenos Aires.
Ya en ese tiempo me preguntaba hasta qué altura iban a crecer los muros. Cuán filosas serían las púas de los alambrados. Hasta qué voltaje iban a electrificar sus cercas. Cuándo y cómo iba a explotar esa burbuja ficticia que era un espejo de la fatídica década de los noventa.
El modelo de aislación, encierro y reclusión que se respiraba en esos guetos vislumbraba, ya una década atrás, que el resultado iba a ser negativo.
Finalmente ocurrió: Los hijos allí criados no pueden insertarse en la sociedad. La seguridad que ellos contrataron es la que organiza los robos entre sus muros. Las investigaciones tributarias detectan en sus propiedades deudas millonarias. El sueño de la aldea grupal, segura y aislada, tal como la idearon ellos, se derrumba inexorablemente.
Desde hace algunas semanas, circula en algunos medios el nuevo "drama" de los countristas: ataques de pánico, crisis de ansiedad, miedo a que sus propios guardias de seguridad los roben, congestión vehicular en el acceso por los rigurosos controles, adolescentes que sufren y padecen el contacto con el resto de la sociedad...
El enfoque aportado en esas notas periodisticas me parece absurdo. La sociedad no puede ocuparse del snobismo de un sector que se encerró y buscó su bien grupal ninguneando al resto de la sociedad.
Sí podemos, en cambio, debatir otros temas respecto a estos guetos, que afectan a toda la sociedad.
¿Por qué muchos emprendimientos privados se asientan en terrenos fiscales?
¿Por qué muchísimas de esas lujosas casas figuran como terrenos baldíos?
¿Por qué se han encontrado propiedades de barrios cerrados usando agua, luz, gas, cable, etc., de manera clandestina?
¿Por qué contratan agencias privadas de seguridad sin ningun control del Estado, pero reclaman la presencia de la Policía o piden custodia a Gendarmería cuando sus empleados los asaltan?
¿Por qué se aislan, se encierran, se cercan; pero al mismo tiempo buscan la cercanía de barrios carenciados para poder explotar a sus habitantes usándolos como jardineros, plomeros, personal doméstico, etc., sin pagar los cargos salariales que corresponden?
¿Por qué cierran calles y caminos vecinales para beneficio propio?
El modelo de reunir ricos, chantas, nuevos ricos, etc., en una aldea, fracasó.
Aquellos pronósticos vislumbrados 10 años atrás se cumplió. Los alambrados perimetrales no alcanzan para que ellos dejen de ver la realidad que los rodea.
El único modelo que funcionará es, sin dudas, el modelo de la inclusión, de la asitencia, de la educación, del crecimiento común.

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