miércoles, 27 de octubre de 2010

Hasta la victoria siempre, Compañero


Los que me conocen saben que nunca fui peronista. Sí, me he sentido muy identificado con preceptos sociales del justicialismo, aunque ese no fuese mi partido político. Tampoco sé si hoy lo es.
Lo que tengo claro es que en mis 30 y pico de años deambule por la militancia, busqué y fui traicionado por varios partidos y dirigentes. Viví, sufrí y padecí el fin del menemato y el experimento bochornoso de la Alianza. Ví a gente de mi generación canjeando comida en clubes de trueque. Perdí amigos que se fueron del país. Lamenté como otros se fundían y perdían todo. Fui testigo. No me lo contó nadie.
Y en 2003 presencié la llegada de un ignoto gobernador patagónico. Un tipo en el cuál no tenía la más mínima esperanza, pero que me terminó conquistando. Se produjeron dos hechos determinantes. Primero, ver a mi viejo, radical de toda la vida pero que siempre me enseñó a respetar a Perón y a Evita que se murió siendo kirchnerista. Y segundo, por un hecho que todavía hoy me conmueve y me eriza la piel. Aquella jornada que Néstor hizo bajar los cuadros de Videla y Bignone, y se paró ante la gente para decir “...como Presidente de la Nación Argentina vengo a pedir perdón de parte del Estado Nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades... los que hicieron estos hechos tenebrosos y macabros de tantos campos de concentración como fue la ESMA tienen un solo nombre: son asesinos repudiados por todo el pueblo argentino”. Ese día, aún con dudas, con temores y con desconfianza entendí que algo estaba pasando en la Argentina.

Fueron 7 años que parecieron una vida, que transformaron un país desolado, triste y quebrado en un Estado creciente. Fueron 7 años que incluyeron: La reconstrucción de una identidad nacional. La lucha permanente a favor de los DD.HH. Las decisiones ante el FMI. Las presiones sobre las grandes multinacionales. El constante aumento del presupuesto para educación, ciencia y tecnología. La mejora en la situación de los jubilados. La renovación de la Corte Suprema. La política exterior latinoamericana y los avances diplomáticos por Malvinas. La estatización de las AFJP. El avance contra los medios de comunicación hegemónicos. La Asignación Universal por Hijo. La seguridad en los reclamos sociales, sin ningún tipo de represión. Y muchos etcéteras más.
Lo que Néstor logró en 7 años fue extraordinario. Su legado ya es histórico y ha convertido estos años en la gestión más transformadora en más de medio siglo.

Tengo dolor.
Tengo bronca porque los buenos siempre se van temprano.
Tengo esperanza por su legado, para que la gente entienda que ahora tenemos que poner el hombro como nunca antes en la historia, porque la derecha vendrá por nosotros.
Tengo miedo por el futuro, pero también siento un enorme compromiso. Que como pueblo sigamos defendiendo este proyecto.
Esa es nuestra responsabilidad ahora.

Ojalá estemos a la altura de tu legado Néstor... HASTA LA VICTORIA SIEMPRE COMPAÑERO!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Impresionante. Coincido.