Incluyendo la pesada mochila del desgaste y de todas las cosas que están mal y todas las que aún no se habían encarado, el país de hoy era mejor, en todos los aspectos (hasta incluyendo los más criticados como la inseguridad), que aquel de 2003. Nadie, pero nadie, puede señalar un solo ítem en el cual la Argentina de 2003 sea mejor que la que está acabando ahora. Era una Argentina que perseguía el estado de bienestar, el que cada vez más gente tenga acceso a mayores cosas, aunque esos progresos no lo incluyeran a uno.
En estos 12 años en los cuales pasé del descreimiento a la defensa absoluta del modelo, no recibí un solo beneficio del Estado más que los subsidios a los servicios y el transporte. No tuve Procrear, ni Procreauto, ni Kunita, ni AUH, ni netbook, ni Progresar, ni educación gratuita porque ya tengo mis estudios, ni ninguno de esos planes que ustedes criticaban. Hasta podría decirles que en los últimos 3 años no quedé conforme con los aumentos conseguidos por mi sindicato en las paritarias. Pero también:
-Vi gente mayor, que no había hecho aportes porque algún empresario con la misma casta que Macri lo negreó durante décadas o porque fue desempleado, poder tener una jubilación.
-Vi increíbles actos de justicia y memoria para saldar deudas del pasado.
-Vi gente muy humilde poder irse de vacaciones, conocer el mar o la sierras. Los ví subirse a un micro cama o a un avión que nunca habían disfrutado.
-Vi con mis propios ojos, recorriendo casi toda la Argentina, como en aquellas provincias que el nuevo presidente considera inviables, gente viviendo mejor que antes.
-Vi a pobres laburantes de toda la vida enviar con orgullo sus hijos a una Universidad pública.
Podría seguir escribiendo largas páginas de aciertos y también mencionar groseros errores que se cometieron. Porque es cierto que hay cosas mal, o no del todo bien. Y hasta entiendo que aquellos que se ubican en la cima de pirámide se hayan sentido "ahogados", porque vieron reducidas sus ganancias (que así y todo siempre fueron superiores a las de otras épocas) aunque ello haya sido para apuntalar a los que estaban en la base de la misma.
Al que no entiendo es al tipo que trabaja cada día, que disfrutaba de cada beneficio que se logró estos años, que haya manifestado su enojo al gobierno votando al enemigo. Que haya preferido no tener más subsidios, ni transporte accesible, ni precios cuidados, ni educación, ni paritarias, ni jubilación; poner en riesgo su futuro laboral, apostar a las añoranzas del 1 a 1 y de capturar algún dólar y condicionar el futuro de todos.
Cambiemos ganó en 8 de las 24 provincias y el FPV en 16. Todo el norte y el sur (excepto Jujuy) votó la continuidad. Esa Argentina olvidada por los unitarios que hoy llegaron al poder y que no dejó de crecer esta década votó a Scioli. El voto castigo lo enarbolaron las sociedades más acomodadas del país; la región central, esa en la cual no se remató más una hectárea de tierra desde el 25/5/2003. Los que menos necesidades tienen y los más confundidos por la agenda opositora mediática.
Venían de un 54 a 15 y ahora tenemos un presidente por 51 a 49. Esa gente decidió abrir más la grieta. Decidió, ahora sí, tener un país absolutamente fracturado aunque sus periodistas fetiche no se lo digan.
La sociedad optó por pensar en su propio rancho y cagarse en lo social. Han elegido la libre circulación de divisas aunque ello traiga aparejado largas filas de gente esperando las bolsas de basura de Mac Donalds para comer o las cuadras de espera para conseguir un empleo precarizado.
Trabajé, apoyé, aposté, participé y defendí este modelo más por los que hoy votaron en contra que por mí mismo. Ustedes eligieron el individualismo, el sálvese quién pueda, el importar pelotudeces para su snobismo, el comprar dólares sabiendo que eso lo pagarán sus hijos y los más pobres.
Desde hoy soy uno de ustedes. No lucho más por lo grupal ni el bien común. Me cagaré en todos y pisaré cabezas de ser necesario para sacar ventaja. Ese es el cambio que eligieron.
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