El conglomerado opositor —un rejunte de fracasos que no comparten absolutamente ninguna idea política más que la destrucción del kirchnerismo— ha completado en la Cámara de Diputados, el disparate más grande de las últimas semanas (y eso que nos tienen acostumbrados a dislates bastante frecuentes). Los mismos tipos que votaron en contra de la re-estatización de las jubilaciones y no apoyaron la Ley de Movilidad Jubilatoria ahora pretenden acorralar al gobierno llevando la jubilación mínima al 82% del salario mínimo y vital, pero sin contarnos cómo se hace o argumentando infantilmente que “hay que bajar el gasto público”. Estos que persiguen desfinanciar al estado son los mismos que bajaron el 13% de las jubilaciones durante la Alianza o que recomendaron que los jubilados se fuesen a vivir con sus hijos en los tristemente célebres noventa.
Para ellos, y ya lo sabemos, el “gasto público” es la salud, la educación, los planes sociales. Todo se resuelve concesionando y tercerizando… y sabemos qué ocurre cuando se aplica ese modelo.
Los lamentables discursos que se escucharon la última sesión sólo sirven para demostrar que la oposición no sabe, ni puede, ni debe gobernar, y que con sus ideas y argumentos demoraría menos de 2 años en subirse a un helicóptero.
Esperemos que la gente no sea cómplice y víctima de esta maniobra cínica que por un lado pide bajar retensiones y por el otro subir los gastos.
Lo poco que logramos mejorar costó mucho esfuerzo ¿vamos a dejar que lo destruyan los esbirros del peronismo magnético, los apocalípticos de Lilita, los amarillitos de Mauricio o los escandalosos de Pino?
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