domingo, 29 de agosto de 2010

Millennium, una grata sorpresa

Como ya les conté por ahí, finalmente comencé a leer la trilogía de Millennium, la obra de Stieg Larsson. Me costó decidirme. Dudaba de su calidad literaria. Pero ya promediando la mitad del primer volumen -Los hombres que no amaban a las mujeres-, debo decir que me encuentro francamente sorprendido por la historia, los personajes, las descripciones y lo impredecible de su relato.
Quizás atraido por la profesión y las circunstancias que rodean al periodista Mikael Blomkvist en su búsqueda de la verdad, me cuesta imaginar a un sueco atravesando problemas que todos encasillaríamos en el tercer mundo. Pero no. La corrupción, las mentiras y las conspiraciones son una predilecciones de la raza humana.
Este párrafo que transcribo de la página 126, bien podría confundirse con una descripción de, por ejemplo, muchos periodistas políticos y económicos que analizan la realidad argentina:
"...consistía en una especie de declaración de guerra donde Blomkvist no se mordía la lengua. Durante los últimos veinte años, los periodistas de economía suecos se habían convertido en un grupo de incompetentes lacayos que, henchidos por su propia vanidad, carecían del menor atisbo de capacidad crítica. A esta última conclusión había llegado a raíz de la gran cantidad de periodistas de economía que, una y otra vez, sin el más mínimo reparo, se contentaban con reproducir las declaraciones realizadas por los empresarios y los especuladores bursátiles, incluso cuando los datos eran manifiestamente engañosos y erróneos. En consecuencia, se trataba de periodistas o tan ingenuos y fáciles de engañar que ya deberían haber sido despedidos de sus puestos, o —lo que sería peor— que conscientemente traicionaban la regla de oro de su propia profesión: la de realizar análisis críticos para proporcionar al público una información veraz. Blomkvist reconocía que a menudo sentía vergüenza al ser llamado reportero económico, ya que, entonces, corría el riesgo de ser metido en el mismo saco que las personas a las que ni siquiera consideraba periodistas...".
Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.

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