En el día de ayer, la gobernación de la Provincia de Buenos Aires publicó en el Boletín Oficial la ley que prohibe fumar en oficinas y edificios públicos; bares, restaurantes y shoppings. Casi 3 años después de que la Capital Federal y algunas provincias y ciudades del interior adoptaran una normativa similar, nuestra provincia se suma a esta tendencia mundial que lucha para alcanzar un ambiente libre de humo. Cerca del 70% de los bonaerenses que elegimos no fumar, damos las gracias y festejamos porque ahora disfrutar un cafe con un amigo volverá a ser un placer que no dependerá de un inadaptado que encienda un cigarrillo a 50 centímetros de tu mesa. Si bien la ley no es total y todavía acepta la presencia de espacios para fumadores, es un gran paso adelante y un estímulo para que sigamos actuando para erradicar este vicio detestable.
La pregunta que me surge es sencilla: ¿por qué no se implanta en todo el territorio nacional esta norma y se deja de perder el tiempo debatiendo en las diferentes cámaras provinciales y municipales algo que ya es irreversible? El mundo se encamina a proteger los espacios públicos de todas las urbes del insoportable desecho de los cigarrillos y nosotros lo hacemos a cuenta gotas.
¿Por qué los argentinos siempre dejamos que el humo nos nuble la vista?
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