El Congreso Nacional va a tratar (y a aprobar) la ley que bajará la mayoría de edad de los 21 a los 18 años. En un país que pide autorización de los padres o tutores hasta los 21 años para casarse o alquilar un monoambiente; pero que mandó a una generación a los 18 años a luchar contra una potencia mundial con revólveres de juguete, no suena tan mal que se cambie esa ley.
Sin embargo no son todas ventajas las que traería esta nueva resolución. Por un lado les permitiría a muchos jóvenes tener una tarjeta de crédito, financiar un auto, alquilar un departamento o salir del país. Por el otro, ante el menor problema legal ya no responderían los padres, sino que se haría cargo este nuevo “adulto” con consecuencias que pueden acarrearse durante años: inhibiciones bancarias o crediticias, embargos, etc., que podrían complicarlos cuando de verdad necesiten ser “mayores” para formar una familia o iniciar un emprendimiento comercial.
Pero vayamos un poco más lejos. La adolescencia es una etapa cada vez más extensa que según los especialistas se prolonga hasta más allá de los 30 años. Los veinteañeros demoran cada vez más en abandonar la casa de sus padres. En todos lados vemos adultos de alrededor de 30 comportándose como alumnos secundarios, evadiendo sus responsabilidades. Entonces, ¿por qué en un momento en el cuál psicólogos y sociólogos analizan la tardía maduración de los jóvenes se quiere bajar 3 años la mayoría de edad? La respuesta es sencilla. Y peligrosa.
Desde la fatídica aparición de Blumberg, amplios sectores sociales provenientes de la derecha decididos a demonizar a los pobres y a los adolescentes, insisten, presionan, reclaman y circulan por los medios de comunicación afines a sus ideales con la propuesta de bajar la edad de imputabilidad. Su pensamiento no es darles educación, trabajo y posibilidades a los marginados, sino aislarlos, castigarlos, culparlos y encerrarlos lo antes posible.
En consecuencia, la baja en la mayoría de edad, será usada en breve como argumento de aquellos que piensan que llenar las cárceles de chicos es la solución a la desigualdad social que ellos mismos ayudaron a generan la década pasada. En breve escucharemos algo así como “si se bajó la mayoría de edad de 21 a 18, es lógico que bajemos la edad de imputabilidad de 18 a 14”.
Mientras la clase dirigente juega con los jóvenes, nadie se sienta a analizar qué hacemos con la educación secundaria, qué hacemos con los reformatorios, qué oportunidades les damos a esos chicos y que puertas les dejamos abiertas para su futuro.
1 comentario:
No lo había pensado, pero es cierto lo que decis. Saludos.
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