Esta mañana tuve un cruce verbal importante con un compañero de viaje de la combi. Esperamos el charter en la misma esquina desde hace varios años pero, paradójicamente, estamos en veredas cada vez más alejadas. Y no es una cuestión personal o de la tan mentada "química". Es algo que puede verse como una representación de la Argentina que tenemos; la que siempre fuimos y la que se está distanciando cada vez más.
Ustedes a mi ya me conocen. Saben quien soy. Saben lo que pienso. Saben lo que tengo. Saben en que vereda estoy parado. A mi adversario no, pero se los describo, para que lo entiendan: Un laburante como yo que trabaja todo el día, que tiene una casa no mucho mejor que la mía, un auto no mucho más moderno que el mío, que está en relación de dependencia como yo, que paga las vacaciones en cuotas y que la mujer hace las compras en los mismos comercios más baratos del barrio para ahorrar. Es decir, el tipo es pobre como yo.
Pero a diferencia mía, este muchacho se cree que por vivir en 70 metros cuadrados en Ramos Mejía no sólo no es pobre, sino que es terrateniente y que puede decidir el futuro de los necesitados. Y es extraño que un tipo que labura en el departamento de RR HH de una multinacional cerealera y todos los meses tiene que despedir gente, no alcance a comprender que con él van a actuar igual el día que tengan que reducir costos en su empresa.
Hoy, en esos breves minutos que dura la espera de la combi, surgió el tema de los alumnos sancionados en el Nacional Buenos Aires por asistir al acto en conmemoración a la Noche de los Lápices. Su respuesta fue, simplemente "Es culpa de Cristina", porque en su razonamiento básico y sin capacidad de análisis cree que por ser un colegio nacional, la presidenta es responsable de las decisiones de la rectora de la escuela. Una reflexión típica de los ideólogos del riñón macrista que destituyeron a un gobierno de la ciudad porque un inspector cobró una coima... La discusión comenzó con ese episodio estudiantil y se fue derivando por los diferentes conflictos del momento: subtes, Terrabusi, ley de medios...
Al ver un tipo casi de mi misma especie, que además manda a los hijos a una escuela saleciana para que los curas le enseñen a respetar al prójimo, no puedo más que alarmarme por sus opiniones:
-"Los zurdos siempre odian a los ricos".
-"Son todos vagos, nadie quiere laburar".
-"Está bien lo que hace Terrabusi" (Por eso de despedir empleados e incumplir los convenciones internacionales de trabajo).
-"El paro del subte hay que impedirlo por la fuerza".
-"Los sindicatos hacen daño".
-"Cada uno se tiene que preocupar por uno mismo"
-"No puede ser que porque sean pobres haya que darles chapas para que vivan o bolsas de comida".
-"Me cobran impuestos a mí para pagarles un 'plan trabajar' a los vagos"
Y unas cuantas barbaridades por el estilo que, en menos de 10 minutos, me hicieron comprender que cada vez los caminos de la Argentina se bifurcan más y que la sociedad camina por veredas absolutamente opuestas e irreconciliables.
Esto ya no se trata de estar a favor de los K o no. No tiene nada que ver apoyar o no la Ley de Medios. No importa si creemos o no en las retenciones, si nos oponemos a la estatización de empresas o si tenemos una u otra idea política.
Esas dos veredas por las que caminamos no separan a la derecha de la izquierda. Separan a las buenas personas de los insensibles, inmorales e individualistas.